¡Sé tú! ¡Sé lo mejor de ti! Dilema de Xóchitl y nuestro / Juan Miguel Alcántara Soria*

Xóchitl Gálvez debate hoy domingo, por segunda vez, con la candidata que López Obrador impuso para dar continuidad a su desastre, y cubrir espaldas a sus hijos y la propia.

Luego del primer debate, hubo opiniones a favor y en contra; varias sin asumir o entender qué es debatir. Conviene precisar: debatir es discutir, controvertir, contender.

Y un debate de candidatas a presidenta supone controvertir sus trayectorias -biografías-, las lecturas que cada una tiene de la realidad del país, las propuestas de políticas públicas que siguen de sus lecturas.

Y los resultados de sus partidos en el poder, en su caso. Xóchitl expresó su insatisfacción con el primer debate, y anuncia que será ella, en el segundo. Sobran sugerencias.

Mi compadre Diego Fernández de Cevallos (con Claudia, padrinos de bautizo de mi hija María) fue el ganador indiscutido del primer debate presidencial en México, el 12 de mayo de 1994, 30 años van a ser.

Descontó, de inicio, a Ernesto Zedillo, al decirle que estaba ahí no por las buenas calificaciones escolares que presumía, sino resultado de una tragedia (el homicidio de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI, en marzo anterior.

Además, sin legitimidad democrática partidista; una decisión del presidente Salinas). Al ver a Cuauhtémoc Cárdenas sonreír -el otro candidato- le dijo, voy luego contigo. No volvió la sonrisa en ambos, ni como mueca (la del de MC sería hoy opción).

Contendiente contundente, los noqueó. Cárdenas se desfondó del impulso del 88. No hubo segundo debate porque el presidente del PRI le prohibió a Zedillo arriesgar. Televisa dejó de difundir a Diego. Zedillo, presidente electo, le propuso a Diego ser Procurador General de la República. El presidente del PAN, Carlos Castillo, lo consultó con el CEN, que deliberó y consideró inconducente aceptara Diego, en lógica ético-política.

Sin embargo, propusieron asumir responsabilidades públicas. Se le envió a Zedillo, con Gabriel Jiménez Remus, terna: Fauzi Hamdam (mi maestro en La Libre), Antonio Lozano, y yo. No aceptó idea de inicio. Días antes de tomar posesión, se decidió por Toño.

El deber de debatir lo propusimos diputados del PAN, y quedó establecido en ley, en la reforma política de 1989.

Es indispensable deliberar los asuntos públicos entre ciudadanos. Desde las polis griegas. Verbo sustantivo en toda democracia, además del de votar.

Sucesivas reformas lo reglamentaron más. En el pasado debate hubo falles evidentes del INE que esperemos hoy no se repitan. No implica obstaculizar bienes públicos.

En la segunda mitad del período de Zedillo, yo vicecoordinador de los diputados del PAN, coincidí con su secretario de Hacienda, Gurría, en la versión última de los presupuestos anuales aprobados, y en iniciativas de seguridad pública nacional.

Xóchitl tiene un dilema político. Ser o no ser ella (Hamlet). No tiene el don de la palabra de Diego.

Pero ser ella es trasmitir emoción, entusiasmo, interés en los otros. Su travesía en la vida -nada fácil-, su búsqueda de certezas, es plataforma de líder esperanzadora.

Se ha topado con pocos malos, dijo, pero sabe que la maldad proviene de los muchos que son solo eso: dejan de hacer el bien que son capaces de hacer. Leamos su biografía: nos evidencia que ha preferido el bien ser, al bienestar.

Xóchitl es una viviente, no una superviviente. Como todo ser humano, con cualidades y defectos. Su proyecto de vida incorpora un capítulo de servicio constante a los demás, que ha sido reconocido dentro y fuera del país. ¡Sé el que eres! dijo Píndaro. ¡Sé tú mismo!, proclamó Ibsen. Nitzche reformuló: ¡Hazte valer! Xóchitl nos convoca hoy: ¡Se lo mejor de ti!.

Valora vida, verdad y libertad. Entiende que el poder es herramienta eficacísima para generar bienes públicos y para evitar males. Es vocación de servicio.

México está ante disyuntivas cruciales: democracia o dictadura, verdad o mentira, vida o muerte, estado de derecho o narco-estado, libres o sometidos, aspiracionistas o derrotados.

A escépticos o indiferentes les vale. Que no haya dudas. Es posible un México sin miedo, sin mentiras, en paz. Nos quedan 35 días reconstruyendo democracia, para la justicia, en la libertad. ¡Seamos lo mejor de nosotros!

* Juan Miguel Alcántara Soria/ Analista político