Cadena 8 Noticias / Opinión
Hace algún tiempo, platicando con un excelente amigo de toda la vida, quien es un exitoso directivo empresarial y con quien me reúno de manera cotidiana “Para arreglar el mundo”, comentábamos sobre la bendición que implica el poder ayudar a los demás y también sobre la importancia de hacerlo con un propósito claro; recordando que nuestros talentos nos fueron dados para administrarlos y dar resultados.
Es en ese sentido que les platico esta pequeña historia:
Don Carlos era un hombre próspero y muy cercano a su ahijado, Mateo. Cada Navidad y cada Día de Reyes, Mateo esperaba con ansias la visita de su padrino, pues sabía que siempre traía el regalo más grande o el sobre con más dinero.
Sin embargo, al cumplir Mateo los 12 años, sus padres notaron algo preocupante: el niño ya no agradecía el detalle, sino que se quejaba si el regalo no era el que él esperaba. Había desarrollado la idea de que el dinero de su padrino era una fuente infinita que él merecía.
Preocupado, Don Carlos, platicó con los padres de Mateo, decidió cambiar la estrategia. Aquella Navidad no llegó con una caja enorme. Llegó con una pequeña bolsa de cuero que contenía tres cantidades iguales de dinero y una carta que decía:
«Mateo, este año no te traigo un objeto, sino una misión. Eres un administrador de los bienes que recibes. Estas tres cantidades representan tres semillas. Para que el próximo año yo vuelva a apoyarte, deberás mostrarme qué frutos dieron.»
Las reglas eran claras y directas:
1. La cantidad del Disfrute (Corresponsabilidad): «Esta cantidad es para que compres algo que necesites. Tú eliges, pero tú respondes por la calidad de lo que compras».
2. La cantidad de la Multiplicación (Esfuerzo): «Esta cantidad no puedes gastarla; debes ahorrarla o invertirla. Si al final del año has trabajado y la has multiplicado, yo duplicaré esa ganancia para tu ahorro».
3. La Moneda de la Gracia (Gratitud y Caridad): «Esta moneda no es tuya. Es de alguien que no tiene padrino. Debes buscar a una persona con necesidad, entregarla en mano y luego contarme qué sentiste al hacerlo».
Las fiestas de fin de año son tiempos de dar y eso nos hace sentir felices, pero también son tiempos que traen el riesgo de un consumismo que puede deslumbrar y confundir el corazón de los más pequeños.
Eventualmente existen figuras en nuestras familias: aquel tío, abuelo, padrino, amigo de la familia o benefactor que, movido por el amor y su ánimo de ayudar, decide apoyar económicamente o mediante regalos el crecimiento de un menor.
Sin embargo, desde una perspectiva de desarrollo de la persona, este apoyo no debe ser una simple transferencia de objetos, sino una oportunidad de contribuir en el crecimiento del menor.
¿Y Cómo podemos asegurar que ese regalo no sea un distractor, sino una herramienta para el desarrollo del menor beneficiado?
1. Ser un «Puente», no una «Fuente». El benefactor no debe aspirar a ser una fuente inagotable de deseos cumplidos, no ser «Cajero Automático», sino un puente hacia la gratitud y la generosidad. Su rol es secundar la labor de los padres, reforzando los valores que se viven en el hogar. Las muestras de apoyo deben llevar implícito un mensaje.
2. Evitar la «Anestesia del Esfuerzo». Uno de los mayores peligros de la generosidad sin control es el debilitamiento de la voluntad. Cuando un menor recibe todo lo que pide —o incluso lo que no ha pedido— sin un contexto de mérito o necesidad, desarrollamos en él «la cultura de la irresponsabilidad».
En la pequeña historia con la que comenzamos el día de hoy, al principio, Mateo estaba molesto. «¡Es poco dinero y mucho trabajo!», decía. Pero la curiosidad lo venció. Pasó semanas comparando precios para utilizar su primera cantidad (aprendiendo el valor de las cosas). Sudó cocinando galletas para multiplicar la segunda (aprendiendo que el dinero requiere esfuerzo). Y, finalmente, experimentó el nudo en la garganta al entregar la tercera cantidad a un anciano que vendía dulces bajo la lluvia.
Al año siguiente, Mateo no corrió a la puerta preguntando: «¿Qué me trajiste?». Corrió con un cuaderno en la mano para mostrarle a su padrino, Don Carlos, cómo había administrado sus «talentos».
El apoyo económico de terceros es una bendición para los padres, siempre que esté ordenado al bien superior del niño: su formación como persona íntegra; no regalemos solo cosas; regalemos la oportunidad de desarrollar virtudes, entendiendo la virtud como “Una disposición habitual y firme a hacer el bien, perfeccionando la naturaleza humana y guiando la conducta hacia el prójimo”.
Para que el apoyo económico sea verdaderamente formativo, considera estas pautas:
• Consulta previa con los padres: Nunca des algo que los padres hayan prohibido o que rompa la austeridad que intentan enseñar. La unidad de criterios es esencial.
• Regalos que fomenten habilidades: Prioriza libros, instrumentos musicales, equipo deportivo o experiencias (una visita a un museo, un campamento) por encima de juguetes pasivos.
• El control del «Exceso»: Es mejor un solo regalo significativo que diez innecesarios. La sobriedad es una virtud que protege el alma de la codicia.
• Vincular el regalo a una acción de gracias: Anima al menor a escribir una nota de agradecimiento o a realizar una actividad por los demás como «pago» espiritual por lo recibido.
¿Esto puede aplicar también para los padres? Usted, querido lector, tiene la mejor respuesta.
Debo aclarar, el ánimo de este pequeño texto no es desincentivar el apoyo a quien lo pueda necesitar; más bien es invitar a darnos la oportunidad de buscar un menor al que podamos apoyar, aprovechar al máximo esta oportunidad y hacerlo de manera integral, que si bien implica un poco más de trabajo, trae consigo el disfrutar más la “alegría de dar” y contribuir en el desarrollo de los pequeños que nos rodean pues hay muchos que lo necesitan.
Nuevamente, que tengan un Feliz Año Nuevo y hasta la próxima entrega.
* Mtro. Gabriel Espinoza Muñoz / Abogado, Educador y Analista Político








