Cadena 8 Noticias / Luis Fernando Arnold Tafoya Analista Político
La titular de la SICT en Guanajuato, Irma Leticia González Sánchez, encabeza una agenda federal de carreteras, tren y caminos comunitarios; mientras tanto, la edil de Irapuato intenta trasladar a la Federación una crisis vial que también exhibe rezagos municipales en calles urbanas y comunidades rurales.
En Irapuato, la discusión sobre infraestructura no puede reducirse a un reclamo municipal contra la Federación.
Con Irma Leticia González Sánchez al frente del Centro SICT Guanajuato, la dependencia federal tiene sobre la
mesa una agenda medible: conservación carretera, rehabilitación de tramos estratégicos, atención de puentes,
señalamiento, caminos comunitarios y el proyecto ferroviario Querétaro–Irapuato.
Pero el reclamo municipal tiene un punto débil: no toda vialidad deteriorada es responsabilidad de la SICT, y no
todo bache puede usarse como pretexto político contra la Federación.
Las carreteras federales son una cosa;
las calles de colonias, vialidades urbanas, accesos locales y caminos rurales municipales son otra. Ahí es donde el discurso de la autoridad municipal se vuelve insuficiente: exigir a la SICT puede ser válido en tramos federales, pero no borra la obligación del municipio de atender su propia red urbana y comunitaria.
La diferencia está en los datos. La presentación del Centro SICT Guanajuato para 2026 reporta una asignación
global de 1,165.2 millones de pesos para conservación carretera en la entidad.
De ese monto, se proyecta atender 424.54 kilómetros de pavimento, conservar de manera rutinaria 1,015.26 kilómetros, colocar señalamiento horizontal en 3,076.44 kilómetros, reconstruir 2 puentes, dar conservación periódica a 10 puentes, atender 5 puntos de conflicto y una falla geológica.
Esa no es una declaración política: es una planeación técnica con metas, fuentes de financiamiento y tramos identificados.
Además, la SICT federal informó que en Guanajuato se intervendrán 1,392 kilómetros de la red carretera federal
libre de peaje mediante pavimentación, bacheo y señalamiento; entre los tramos principales se encuentran Irapuato–León, sobre la carretera 45, y Salvatierra–Celaya, entre otros.
El contraste con el municipio es inevitable. El Ayuntamiento de Irapuato aprobó un Programa de Obra Pública 2026
con inversión inicial de 726 millones de pesos, con prioridad en infraestructura hidráulica y con apartados
generales para pavimentación, avenidas, alumbrado y obras en comunidades rurales.
Sin embargo, la propia cobertura del programa muestra que su aprobación fue dividida y que el documento se presenta más como una ruta general que como un inventario público detallado de calles abandonadas, comunidades pendientes, caminos rurales sin atender, calendario de ejecución y metas verificables por colonia.
Ahí está el punto político central: la edil de Irapuato exige con dureza a la SICT, pero no exhibe con la misma
claridad un mapa integral de rescate para las calles municipales y caminos comunitarios que sí le corresponden.
El municipio pide que la Federación repare accesos, pero la ciudadanía también necesita saber qué calles urbanas siguen abandonadas, qué comunidades rurales continúan sin camino digno, qué colonias no han recibido mantenimiento y cuánto presupuesto municipal se destina realmente a resolver esa deuda cotidiana.
En Irapuato, el deterioro de calles no es un asunto menor. Una cobertura local basada en la ENSU del INEGI señaló
que, entre las principales preocupaciones de la población irapuatense, aparecen los baches, el alumbrado, el agua y el drenaje.
A nivel nacional, la ENSU de marzo de 2026 reportó que 82.7% de la población adulta consideró los baches en calles y avenidas como uno de los principales problemas de su ciudad; 59.2% señaló fallas y fugas en el suministro de agua potable, y 56.3% alumbrado público insuficiente.
El proyecto ferroviario refuerza esta discusión. El Tren Querétaro–Irapuato contempla 108.2 kilómetros de vía
férrea, estaciones y paraderos en Querétaro, Apaseo el Grande, Celaya, Villagrán/Cortázar, Salamanca e
Irapuato.
Eso coloca a Irapuato frente a una oportunidad histórica: dejar de ser solo un punto carretero y convertirse en nodo ferroviario del Bajío. Pero esa oportunidad también exhibe al municipio. De poco sirve tener tren, estaciones, rehabilitación federal y corredores regionales si la administración local no garantiza calles funcionales, accesos seguros, rutas alimentadoras, banquetas, alumbrado y caminos rurales transitables.
La Federación puede llevar el tren hasta Irapuato; el municipio debe lograr que la gente llegue dignamente a la
estación.
Por eso, el debate no debe plantearse como si la SICT fuera el problema y el municipio una víctima. La realidad es
más incómoda para la autoridad local: Irma Leticia González Sánchez está poniendo datos, tramos, inversión y
metas sobre la mesa; la edil de Irapuato está poniendo reclamos, pero sin asumir con la misma contundencia
el abandono municipal de calles y comunidades.
La conclusión es dura, pero necesaria: Irapuato no está incompleto porque falte solamente una carretera federal reparada; está incompleto porque su gobierno municipal pretende culpar hacia arriba mientras deja sin respuesta lo de abajo. Y lo de abajo es precisamente donde vive la gente: la colonia, la comunidad, la calle, el camino rural, el acceso diario.
Ahí donde no llegan los discursos, pero sí se sienten los baches. Ahí donde no basta señalar a la SICT, porque el abandono tiene dirección municipal.

Luis Enrique Arnold Tafoya
Analista Político








