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De acuerdo a las mediciones de la casa Massive Caller el escenario político en Irapuato de cara a los comicios de 2027 comienza a definirse bajo una atmósfera de competencia cerrada y reacomodos estratégicos. Según su última mediación, existe una posibilidad de que el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se alce con la victoria.
En mediciones electorales los números siempre dicen algo más que cifras y el análisis y la historia nos exhiben que las estadísticas favorables no siempre garantizan el triunfo (y no sería la primera vez que así sucede en Irapuato). La contienda no solo dependerá de la popularidad de la marca, sino de la capacidad de los partidos y contendientes para resolver sus crisis internas, estructurar proyectos de gobierno eficaces y gestionar las alianzas que definirán al ganador.
Entre la popularidad y la estructura dentro de las filas de Morena, la figura del diputado federal «Pepe» Aguirre se perfila actualmente como el aspirante mejor posicionado. No obstante, su liderazgo no es absoluto; perfiles emergentes como el diputado local, Abraham Sotomayor y Nacho Morales regidor en el Ayuntamiento, disputan activamente la candidatura sumando sus propias simpatías lo que augura una contienda interna que pondrá a prueba la cohesión del partido.
A pesar de su crecimiento, Morena en Irapuato ha sufrido históricamente del síndrome del «ya merito». Y al caso que nos atañe este fenómeno no es casualidad, sino consecuencia de dos carencias fundamentales: equipo y estructura.
Ganar una elección es muy distinto a gobernar. Morena ha sufrido históricamente para formar cuadros políticos y no se ve claro la forma de que puedan estructurar un gabinete ya si no eficaz al menos funcional en caso de ganar. Para construir proyectos políticos han dependido muchas veces de la improvisación, de repartos tribales o de voluntades individuales desarticuladas.
El partido no ha logrado consolidar un plan de gobierno atractivo y diseñado específicamente para las necesidades de Irapuato. Su estrategia se ha limitado a «montarse» en la inercia de la marca 4T, una ola que si bien fue avasalladora en 2018, ha perdido la altura y la fuerza que tuvo en el pasado.
A esto se suma la fragilidad de su unidad interna. Las divisiones podrían volverse fracturas y debilitar la campaña antes de que inicie formalmente.
Por otro lado, el Partido Acción Nacional (PAN) aunque erosionado y lejos de ser el elefante azul del 200, mantiene una ventaja operativa crucial y debe reconocerse que es una maquinaria respetable. A diferencia de sus opositores, el PAN posee una cultura de disciplina partidista y aunque aparenten tener fracturas insalvables durante las precampañas, históricamente han demostrado la capacidad de «cerrar filas» en el momento decisivo, unificando su voto y sus esfuerzos.
Finalmente, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) emerge como el actor estratégico más interesante de la ecuación: Los números de Massive Caller indican que el tricolor ha ganado terreno y con una pre campaña efectiva, podría alcanzar entre el 12% y el 15% de la votación. Este crecimiento coloca al PRI nuevamente en la posición de «fiel de la balanza» y si bien su porcentaje es insuficiente para ganar por sí solo, será determinante para inclinar la victoria hacia uno de los dos bloques dominantes.
Conclusión El camino hacia el 2027 en Irapuato no está escrito. Si bien Morena ha mantenido una ligera ventaja numérica inicial, su falta de estructura gubernamental (equipo y proyecto) y sus divisiones internas representan su talón de Aquiles. Mientras tanto, el PAN apuesta a su disciplina institucional para resistir el embate y por último el PRI se consolida como el factor que podría definir el resultado.
La elección no la ganará quien tenga más intención de voto hoy, sino quien logre transformar esa simpatía en una estructura operativa sólida y un proyecto convincente para la ciudadanía. Irapuato es un electorado muy analítico y quién lo ignore arrancará perdiendo.

* Miguel Ángel Ponce Alcántara / Analista político






